martes, 4 de septiembre de 2012

EL CAMINO DE LA INTELIGENCIA

La inteligencia es vivacidad, es espontaneidad. Es apertura, es vulnerabilidad. Es imparcialidad, es valor para actuar sin buscar resultados. Y ¿por qué digo que es valor? Es valor porque cuando actúas para lograr un resultado, el resultado te protege; el resultado te da confianza, te da seguridad. Lo conoces bien, sabes cómo conseguirlo, eres muy eficiente. Actuar sin un resultado es actuar inocentemente. No tienes ninguna seguridad, puedes equivocarte, puedes perderte.

La persona que está lista para salir a explorar lo que se llama verdad, también tiene que estar lista para cometer muchos errores, equivocaciones, tiene que ser capaz de arriesgar. Puedes perderte, pero es la forma de llegar. Al perderte muchas veces, aprendes a no perderte. Al cometer muchos errores aprendes lo que es un error, y cómo no cometerlo. Sabiendo lo que es un error, te vas acercando más a la verdad. Es una exploración individual; no puedes depender de las conclusiones de los demás.

TÚ HAS NACIDO COMO NO—MENTE. Permite que esto cale dentro tu corazón todo lo posible, porque de este modo, se abrirá una puerta. Si has nacido como no—mente, significa que la mente es producto de la sociedad. No es natural, es cultivada. Te lo han ido amontonando encima. En el fondo sigues siendo libre, puedes salirte de ahí. No puedes salirte de la naturaleza, pero siempre que lo decidas puedes salirte de lo artificial.

La existencia precede al pensamiento. De modo que la existencia no es un estado mental, es un estado ulterior. La manera de conocer lo fundamental es ser, no pensar. Ciencia quiere decir pensar, filosofía quiere decir pensar, teología quiere decir pensar. Religiosidad no quiere decir pensar. La perspectiva religiosa es una perspectiva de no—pensamiento. Es más íntima, te acerca más a la realidad. Hace que caiga todo lo que te obstaculiza, te desbloquea; empiezas a fluir en la vida. No piensas que estás separado, mirando. No crees que eres un observador, al margen, distante. Te encuentras, te mezclas y te fundes con la realidad.

Pero hay otra forma de saber. No se puede llamar «conocimiento». Es más parecida al amor y menos parecida al conocimiento. Es tan íntima que la palabra «conocimiento» no es suficiente para expresarla. Es más adecuada la palabra «amor», más expresiva.

En la historia de la conciencia humana, lo primero que evolucionó fue la magia. La magia era una combinación de ciencia y religión. La magia tenía algo de la mente y algo de la no—mente. De la magia surgió la filosofía. Después, de la filosofía nació la ciencia. La magia era a la vez no—mente y mente. La filosofía sólo era mente. Y después, la mente más la experimentación se convirtieron en ciencia. La religiosidad es un estado de no—mente.

La religiosidad y la ciencia son dos perspectivas de la realidad. La ciencia aborda la realidad a través de lo secundario; la religiosidad va directamente. La ciencia tiene una perspectiva indirecta; la ciencia tiene una perspectiva inmediata. La ciencia da vueltas y vueltas; la religiosidad simplemente penetra el corazón de la realidad.

Algunas cosas más... El pensamiento sólo puede pensar acerca de lo conocido... mascar lo que ya está mascado. El pensamiento nunca puede ser original. ¿Cómo puedes pensar acerca de lo desconocido? Cualquier cosa que consigas pensar pertenecerá a lo conocido. Sólo puedes pensar porque sabes. El pensamiento, como mucho, puede crear nuevas combinaciones. Puedes imaginarte un caballo que vuela, hecho de oro, pero nada de esto es nuevo. Sabes que hay pájaros que vuelan, sabes que existe el oro, sabes que hay caballos; combinas las tres cosas juntas. El pensamiento, como mucho, puede imaginarse nuevas combinaciones, pero no puede conocer lo desconocido. Lo desconocido está más allá. El pensamiento va en círculos, vuelve a conocer lo conocido una y otra vez. Vuelve a mascar lo mascado. El pensamiento nunca es original.

Encontrarse con la realidad originalmente, de raíz, encontrarse con la realidad sin intermediarios —encontrarse con la realidad como si fueses el primer hombre que ha existido— es liberador. La misma novedad de esto te libera.

LA VERDAD ES UNA EXPERIENCIA, NO UNA CREENCIA. La verdad nunca se conoce estudiándola; hay que encontrar la verdad, hay que hacerle frente. Quien estudia el amor es como quien estudia el Himalaya viendo un mapa de las montañas. ¡El mapa no es la montaña! Si te obsesionas demasiado con el mapa, no verás la montaña. Si te obsesionas demasiado con el mapa, puedes tener la montaña delante de ti, pero seguirás sin ser capaz de verla.

Y es así. La montaña está delante de ti, pero tus ojos están llenos de mapas, mapas de la montaña, mapas de esa misma montaña hechos por diversos exploradores. Unos han escalado la montaña por la cara Norte, otros por el Este. Han hecho distintos mapas: el Corán, la Biblia, el Gita... diferentes mapas de la misma verdad. Pero tú estás tan lleno de mapas, tan agobiado por su peso que no puedes moverte ni un centímetro. No puedes ver que la montaña está delante de ti, las cumbres de nieve inmaculada brillando como el oro bajo el sol de la mañana. No tienes ojos para verlo.

El ojo que tiene prejuicios está ciego, el corazón lleno de conclusiones está muerto. Demasiadas suposiciones a priori y tu inteligencia empezará a perder rapidez, belleza, intensidad. Se enturbia. muy frío, frío, absolutamente indiferente. Y la indiferencia mata el misterio.

Si realmente quieres tener la experiencia de lo misterioso, tendrás que abrir una nueva puerta en tu ser. No estoy diciendo que dejes de ser científico, sólo estoy diciendo que la ciencia puede convertirse en una actividad periférica para ti. Cuando estás en el laboratorio sé un científico, pero cuando salgas del laboratorio, olvídate de la ciencia. Escucha los pájaros, ¡y no de una forma científica! Mira las flores, y no de una forma científica, porque cuando miras una rosa de una forma científica, estás mirando otra cosa completamente distinta. No es la misma rosa que experimenta el poeta.

La experiencia no depende del objeto, la experiencia depende del experimentador, de la capacidad de experimentación.

OBSERVANDO UNA FLOR, CONVIÉRTETE EN ELLA; baila a su alrededor, canta una canción. El aire es fresco y tonificante, el sol da calor y la flor está en su mejor momento. La flor está bailando con el viento, regocijándose, cantando una canción, cantando aleluya. ¡Participa con ella! Abandona la indiferencia, la objetividad, el distanciamiento. Abandona todas tus actitudes científicas. Fluye un poco más, fúndete un poco más, mézclate un poco más. Deja que la flor le hable a tu corazón, deja que la flor se introduzca dentro de tu persona. Invítala, ¡es un huésped! Entonces, podrás percibir el misterio.

Es el primer paso hacia lo misterioso y el último paso es éste: si puedes participar un momento, tendrás la llave, el secreto. Participa en todo lo que estás haciendo. Al andar, no lo hagas mecánicamente, no te quedes observándolo, sé eso. Al bailar, no lo hagas técnicamente, la técnica es irrelevante. Puedes ser técnicamente.

La inteligencia obtusa es lo que se denomina intelecto. Los así llamados intelectuales no son realmente inteligentes, sólo son intelectuales. El intelecto es un cadáver. Puedes decorarlo, puedes decorarlo con grandes perlas, diamantes, esmeraldas, pero un cadáver sigue siendo un cadáver.

Estar vivo es una cuestión completamente distinta.

LA CIENCIA ES SER EXACTO, ser absolutamente exacto sobre los hechos. Si eres muy exacto sobre los hechos no podrás sentir el misterio, cuanto más exacto eres, más se evapora el misterio. El misterio necesita una cierta vaguedad; el misterio necesita algo no determinado, sin demarcar. La ciencia es objetiva; el misterio no es objetivo, es existencial.

Un hecho sólo es una parte de la existencia, una pequeña parte; la ciencia trata de las partes porque es más sencillo tratar de las partes. Son más pequeñas, puedes analizarlas; no te superan porque puedes tenerlas en las manos. Puedes diseccionarlas, puedes etiquetarlas, puedes estar absolutamente seguro de sus características, cantidades, posibilidades, pero en ese mismo proceso estás matando el misterio. La ciencia es el asesinato del misterio.

Si quieres experimentar lo misterioso tendrás que entrar por otra puerta, desde otra dimensión completamente distinta. La dimensión de la mente es la dimensión de la ciencia, y la dimensión de la meditación es la dimensión de lo milagroso, lo misterioso.
La meditación hace que todo sea indefinido. La meditación te lleva a lo desconocido, lo inexplorado. La meditación te lleva, poco a poco, a un tipo de disolución donde el observador y lo observado se vuelven uno. Pero eso no es posible para la ciencia. El observador debe ser el observador, y lo observado debe ser lo observado, y tiene que haber una distinción clara en cada momento. No debes olvidarte de ti mismo ni un instante; no debes interesarte, disolverte, sumergirte, ser pasional o amoroso con el objeto de tu investigación. Tienes que permanecer imparcial, tienes que ser correcto y, sin embargo, perderte la alegría de hacerlo. Disuélvete en la danza, conviértete en la danza, olvídate del bailarín.

Cuando empieza a haber una unidad tan profunda en muchos aspectos de tu vida, cuando los que están a tu alrededor empiezan a tener grandiosas experiencias de desaparición, de ausencia de ego, de inexistencia... cuando la flor está ahí pero tú no estás, cuando el arco iris está ahí pero tú no estás... cuando las nubes están vagando por el cielo en el interior y el exterior, y tú no estás... cuando hay un silencio absoluto en lo que a ti respecta; cuando dentro de ti no hay nadie, sólo puro silencio, silencio inmaculado, imperturbable, sin alterarse por el razonamiento, el pensamiento, la emoción, el sentimiento..., este es el momento de meditación.

La mente ha desaparecido, y cuando desaparece la mente aparece el misterio.
OSHO

miércoles, 29 de agosto de 2012

Intelecto contra inteligencia

Educar el intelecto no da como resultado la inteligencia. Antes bien, la inteligencia adviene cuando uno actúa en perfecta armonía, tanto intelectual como emocionalmente. Hay una vasta diferenciación entre intelecto e inteligencia. El intelecto es tan sólo el pensamiento funcionando independientemente de la emoción. Cuando el intelecto, sin tener en cuenta la emoción, es educado en una dirección determinada, uno puede poseer un gran intelecto, pero no por eso tiene inteligencia, porque la inteligencia contiene la inherente capacidad tanto de sentir como de razonar; en la inteligencia, ambas capacidades están por igual presentes de una manera intensa y armónica.
... Si uno introduce sus emociones en los negocios, dice usted, los negocios no pueden ser bien manejados ni ser honestos. Así pues, divide su mente en compartimentos; en un compartimento guarda su interés religioso, en otro sus emociones, en un tercero su interés comercial, el cual nada tiene que ver con su vida intelectual y emocional. Su mente comercial considera a la vida como un mero medio de ganar dinero a fin de vivir. Así es como continúa esta existencia caótica, esta división en su vida. Si realmente usara su inteligencia en los negocios, esto es, si sus emociones y sus pensamientos actuaran armónicamente, sus negocios podrían fracasar. Es posible que así sucediera. Y probablemente los dejaría usted fracasar cuando de verdad percibiera el absurdo, la crueldad y la explotación que implica esta manera de vivir.
Hasta que de hecho aborden ustedes toda la vida con inteligencia, en vez de hacerlo meramente con el intelecto, ningún sistema en el mundo salvará al hombre del incesante afán por el dinero.
4 de mayo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. I

jueves, 23 de agosto de 2012

El sentimentalismo y la emoción engendran crueldad




Uno puede ver que ni la emoción ni el sentimentalismo tienen lugar alguno que esté relacionado con el amor. El sentimentalismo y la emoción son tan sólo reacciones de agrado o desagrado. Usted me agrada y soy terriblemente entusiasta a su respecto; me gusta este lugar, ¡oh!, es hermoso y todo lo demás, lo cual implica que no me gusta el otro lugar, etc. Así, el sentimentalismo y la emoción engendran crueldad. ¿Lo han observado alguna vez? La identificación con el paño llamado bandera nacional es un factor emocional y sentimental, y por ese factor están ustedes dispuestos a matar a otro ser humano; ¿a eso lo llaman amor por el país, amor al prójimo...? Uno puede ver que donde intervienen el sentimentalismo y la emoción no hay amor. El sentimentalismo y la emoción son los que engendran la crueldad del agrado y el desagrado. Y uno puede ver también que donde hay celos, no hay amor, es obvio. Digamos que estoy envidioso de usted porque tiene una posición mejor, un mejor trabajo, una casa mejor, luce más atractivo, más inteligente, más despierto, y yo siento celos de usted. De hecho, no digo que estoy celoso, pero compito con usted, lo cual es una forma de celos, de envidia. Por lo tanto, la envidia y los celos no son amor, y los elimino. No sigo hablando acerca de cómo eliminarlos y mientras tanto continúo siendo envidioso; los elimino realmente, como la lluvia lava el polvo de muchos días acumulado sobre una hoja; simplemente, los lavo y termino con ellos.
5 de mayo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XVII

viernes, 3 de agosto de 2012

La verdad no tiene lugar permanente


La verdad es un hecho, y el hecho puede comprenderse sólo cuando las distintas cosas que han sido puestas entre la mente y el hecho son eliminadas. El hecho es la relación que tiene usted con la propiedad, con su esposa, con los seres humanos, con la naturaleza y las ideas; y en tanto no comprenda el hecho de la relación, su búsqueda de Dios sólo aumenta la contusión, porque esa búsqueda es un sustituto, un escape, y no tiene sentido. Mientras domine a su mujer y ella lo domine mientras posea y sea poseído, no puede usted conocer el amor, mientras esté reprimiendo, sustituyendo, mientras sea ambicioso, no puede conocer la verdad.
Conoce la verdad sólo aquel que no busca, que no lucha, que no trata de obtener un resultado.
La verdad no es continua, no tiene lugar permanente, puede ser vista sólo de instante en instante. Es siempre nueva, por lo tanto, es intemporal. Lo que fue verdad ayer no es verdad hoy, lo que es verdad hay no es verdad mañana. La verdad no tiene continuidad. La mente es la que desea hacer continua la experiencia que ella llama verdad, y una mente así no conocerá la verdad, que es siempre nueva, que está en ver la misma sonrisa y ver esa sonrisa de un modo nuevo, en ver la misma persona y verla de un modo nuevo, en ver de un modo nuevo las palmeras ondulantes; la verdad está en enfrentarse de un modo nuevo a la vida.



J. Krishnamurti

jueves, 2 de agosto de 2012

Usted y la nada son una sola cosa

Usted es nada. Puede tener su nombre y su título, su propiedad y su cuenta bancaria, puede tener poder y ser famoso; pero a pesar de todas esas salvaguardas, usted es nada. Quizás esté por completo inconsciente de esta vacuidad, de esta nada, o quizá no quiera tomar conciencia de ella; pero ella está ahí, haga usted lo que hiciere para evitarlo. Puede intentar escapar de maneras tortuosas, mediante la violencia personal o colectiva, el culto personal o colectivo, el conocimiento, las diversiones; pero ya sea que esté dormido o despierto, esa nada está siempre ahí. Usted puede descubrir su relación con esta nada y el miedo que la acompaña únicamente si está alerta, sin opción alguna, a los escapes. No tiene relación con ella como si usted fuera una entidad separada, individual; no es el observador que la observa; sin «usted», el pensador, el observador, ella no existe. Usted y la nada son una sola cosa, son un fenómeno conjunto, no dos procesos separados. Si usted, el pensador, siente miedo de la nada y la aborda como algo contrario que se opone a usted, entonces cualquier acción que pueda emprender a su respecto debe conducirle inevitablemente a la ilusión y a más conflicto y desdicha. Cuando descubre y experimenta que esa nada es usted, entonces el miedo ‑que existe sólo cuando el pensador esta separado de sus pensamientos y trata de establecer una relación con ellos- desaparece completamente.



13 de agosto; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Serie I

martes, 10 de julio de 2012

La verdad se encuentra de instante en instante

La verdad no puede ser acumulada. Lo que se acumula es siempre destruido; se marchita. La verdad no puede marchitarse jamás, porque sólo podemos dar con ella de instante en instante, en cada pensamiento, en cada relación, en cada palabra, en cada gesto, en una sonrisa, en las lágrimas. Y si usted y yo podemos encontrar esa verdad y vivirla ‑el vivirla mismo es el encontrarla-, entonces no nos volveremos propagandistas; seremos seres humanos creativos, no seres humanos «perfectos» sino seres humanos creativos, lo cual es inmensamente distinto.
La verdad no es para aquellos que son respetables, ni para aquellos que deseen su propia expansión, su propia realización. La verdad no es para los que están buscando seguridad, permanencia, porque la permanencia que buscan no es sino lo opuesto de la impermanencia. Estando atrapados en la red del tiempo, buscan lo permanente, pero lo permanente que buscan no es lo real, ya que es producto de su pensamiento. Por lo tanto, el hombre que quiera descubrir la realidad, debe dejar de buscar, lo cual no quiere decir que deba contentarse con lo que es. Por el contrario, un hombre empeñado en el descubrimiento de la verdad, debe ser internamente un revolucionario completo. No puede pertenecer a ninguna clase social, a ninguna nación, a ningún grupo, a ninguna ideología o religión organizada, porque la verdad no se encuentra en el templo ni en la iglesia, no puede hallársela en las cosas hechas por la mano o por la mente. La verdad se manifiesta sólo cuando las cosas de la mano o de la mente son puestas a un lado, y poner a un lado las cosas de la mano o de la mente no es una cuestión de tiempo. La verdad llega a quien está libre del tiempo, a quien no usa el tiempo como un medio de expansión propia. El tiempo implica memoria del ayer, memoria de mi familia, de mi raza, de mi carácter particular, de la acumulación de experiencias propias que componen el «yo» y «lo mío».



 J. Krishnamurti

jueves, 5 de julio de 2012

Cómo terminamos con el miedo?


Estamos discutiendo algo que requiere su atención, no su acuerdo o desacuerdo. Miramos la vida, la consideramos de una manera muy rigurosa, objetiva y clara, no conforme a su sentimiento, a su fantasía, a lo que le agrada o desagrada. Lo que nos agrada y lo que nos desagrada es lo que ha dado origen a toda esta desdicha. Todo cuanto estamos diciendo es esto: «¿Cómo terminamos con el miedo?» Ése es uno de nuestros grandes problemas, porque si un ser humano no puede terminar con el miedo, vive perpetuamente en la oscuridad, no «perpetuamente» en el sentido cristiano, sino en el sentido corriente ‑con una vida basta-. Para mí, como ser humano, tiene que haber una salida ahora, no creando esperanzas en algún futuro. ¿Puedo, como ser humano, terminar con el miedo totalmente, no con pequeños fragmentos de él? Es probable que jamás se haya formulado esta pregunta, y quizá no lo haya hecho porque no sabe cómo salirse de él. Pero si se planteara esa pregunta muy seriamente, no con la intención de averiguar cómo terminar con el miedo, sino con la intención de descubrir su naturaleza y estructura, en el instante de descubrirla, el miedo terminaría por sí mismo; usted no tendría que hacer nada al respecto.
Cuando nos damos cuenta del miedo y entramos en contacto directo con él, el observador es lo observado. No hay diferencia entre el observador y la cosa observada. Cuando el miedo es observado sin el observador, hay acción, pero no es la acción del observador que actúa sobre el miedo.
 J. Krishnamurti